Cuando alguien entra en un tren y observa que el tren está lleno de gente y, atosigado por las mochilas y las maletas que lleva encima, ese alguien busca un asiento libre mientras tropieza a cada rato con las mochilas y las maletas de los demás viajeros, y finalmente encuentra uno y se dispone a sentarse en él, lo que menos espera es que en el suelo, a los pies de ese asiento vacío, haya un vaso repleto de agua y que ese vaso repleto de agua contenga dos pececitos de color naranja. Como no podía esperar lo del vaso y mucho menos lo de los pececitos, lo normal es que ese alguien tropiece con ese vaso y que ese vaso vuelque, que se derrame toda el agua de su interior y que junto al agua se viertan sobre el suelo los dos pececitos de color naranja. Lo normal entonces es que los pececitos comiencen a pegar saltos desesperados, que se ahoguen en el aire que les mata y que la dueña de los pececitos empiece a gritar como una loca. Lo normal entonces es que el responsable de la caída del vaso, del ahogo de los pececitos y del grito alocado de la dueña, recoja rápidamente el vaso caído del suelo, que vuelva a meter allí a los dos pececitos moribundos y que, dejando mochilas y maletas sobre el asiento, salga disparado hacia los lavabos del tren con el vaso en la mano. Lo normal entonces es que la dueña de los pececitos le siga sofocada, que pregunte a voz en grito si alguien tiene una botella de agua, que nadie la tenga, y que el responsable de toda la tragedia encuentre la puerta del aseo cerrada porque en ese momento alguien lo está utilizando. Lo normal entonces es que cunda el pánico entre los vertebrados terrestres y el horror entre los vertebrados acuáticos, que tiemblen los unos y tengan espasmos los otros, que vivan los primeros y mueran los segundos... Eso es lo normal, y eso es lo que habría ocurrido con bastante seguridad si yo hubiese golpeado con un poco más de fuerza el vaso irresponsablemente situado a los pies del asiento vacío y que, gracias a Dios, sólo perdió un poco de agua para alivio y supervivencia de todos los presentes.
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