Cien.
Al día siguiente le aseguró que, si estaba dispuesta, la próxima vez le daría cien besos. Cien justos. Así, le dijo, sería muy fácil sacar la estadística y descubrir la proporción con que le atraía cada parte de su cuerpo. Le adelantó que, probablemente, dedicaría el 70% de los besos a su parte frontal, el 20% a su parte trasera y el 10% restante a sus laterales. Pero añadió que no estaba seguro del todo y que convendría utilizar un rotulador para delimitar las zonas. A ella le entró la risa. Luego él le informó de que no sabría por dónde empezar, que quizá el instinto le llevaría a algún lugar entre la sien y la clavícula derechas... Pero que eso dependería de diversas variables. Luego estaría mucho más claro: descendería, poco a poco, evitando las zonas comprometidas que, por supuesto, dejaría para el final. Hacia la mitad volvería hacia arriba, durante unos minutos, para besarle el pelo, la frente, las orejas, la nariz, las mejillas, los ojos... Otra duda importante era dónde colocar los besos en la boca. Él dudaba si hacerlo entre el 86 y el 90 o entre el 91 y el 95. Serían cinco, eso parecía claro. Una buena proporción -según su criterio- teniendo en cuenta que lo demás también estaría disponible. Ella cambió de tema sin preguntar dónde recibiría los últimos cinco o diez besos y la conversación se dirigió hacia sus vacaciones respectivas.
***
La quiebra.
Helton Co., empresa surgida de la antigua Waters & Helton Co. la cual, a su vez, provenía de la aún más antigua Murrow & Waters & Helton Co., estaba a punto de desaparecer. La razón de la crisis de Helton Co. estribaba, en opinión de sus principales accionistas, en las extravagancias del viejo Gregor Helton, un loco que no sólo vestía como ellos y hablaba como ellos sino que, además, pretendía ser y actuar como ellos. Gregor Helton no admitía tratos de favor. Su despacho debía ser igual que todos los despachos, su mesa como las mesas del resto, su silla idéntica a todas las demás. En las reuniones no aceptaba un lugar de honor y tampoco que ninguna clase de objeto, ya fuera cartel o bandera, le diferenciara. Esto suponía graves inconvenientes, gravísimos para la salud del negocio, pero Gregor Helton era el jefe y ninguno de sus directivos tenía el suficiente valor para advertirle del desorbitado precio de sus extravagancias.
Una lluviosa mañana de abril la cúpula directiva de Helton Co. se disponía a celebrar una reunión de gran importancia cuyo principal y seguramente único asunto sería el de tomar en consideración la posibilidad de declarar la bancarrota. Gregor Helton fue el último en acudir, lo cual era un hecho extraordinario en aquel viejo que no quería destacar en nada. Al entrar en la sala de reuniones su enorme cuerpo destrozó la puerta, sus formidables patas quebraron las baldosas y, en su intento de acomodarse junto a los aterrorizados accionistas, huidos en desbandada a los extremos del salón, convirtió mesa y asientos en un desperdigado cúmulo de maderos y astillas.
-Que arreglen todo esto para la próxima reunión -dijo, levantando con su habitual elegancia la trompa-. Hasta entonces, señores.
Y salió por donde había entrado, recogiendo su sombrero marrón de entre los escombros del suelo.
Una lluviosa mañana de abril la cúpula directiva de Helton Co. se disponía a celebrar una reunión de gran importancia cuyo principal y seguramente único asunto sería el de tomar en consideración la posibilidad de declarar la bancarrota. Gregor Helton fue el último en acudir, lo cual era un hecho extraordinario en aquel viejo que no quería destacar en nada. Al entrar en la sala de reuniones su enorme cuerpo destrozó la puerta, sus formidables patas quebraron las baldosas y, en su intento de acomodarse junto a los aterrorizados accionistas, huidos en desbandada a los extremos del salón, convirtió mesa y asientos en un desperdigado cúmulo de maderos y astillas.
-Que arreglen todo esto para la próxima reunión -dijo, levantando con su habitual elegancia la trompa-. Hasta entonces, señores.
Y salió por donde había entrado, recogiendo su sombrero marrón de entre los escombros del suelo.
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